Wednesday, June 05, 2013

El vacío de un muerto por Pedro Miguel Lamet S.J.



El silencio y la desaparición de la percepción de nuestros sentidos de una persona querida es la prueba más fuerte para la fe y el enigma mayor de la vida humana. Hace poco Dios se llevó de mi lado a un anciano jesuita con el que diariamente celebraba la eucaristía y compartía el desayuno cada mañana, del que ya hablé en este blog: José Gómez Caffarena.
Hoy quiero compartir el soneto que me inspiró su ausencia:
DE QUÉ COLOR ES EL AMADO

Cuando dormido él se fue como una brisa
y en el jardín soñaba la palmera,
todo estaba igual que si estuviera
desayunando al sol de su sonrisa.

El café, su bastón y la imprecisa
luz del visillo que le recibiera
en la ventana tan limpia y prisionera
añoraban sin él el rezo de su misa.

¿Dónde estás, Pepe, ahora y con qué río
te has marchado de pronto al otro lado
dejándonos tan solos como un viento

que se lleva las hojas, y un vacío
nos arrulla de ausencia el sentimiento?
¡Dinos de qué color es el Amado!

Pedro Miguel Lamet

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